LA CONVIVENCIA Y LAS TICS
domingo, 23 de noviembre de 2014
martes, 21 de octubre de 2014
domingo, 5 de octubre de 2014
Itzelina y los rayos de sol
EL CUENTO
Itzelina y
los rayos de sol
Itzelina Bellas Chapas era una niña
muy curiosa que
se levantó temprano una mañana con la firme intención de atrapar, para ella
sola, todos los rayos del sol.
Una
ardilla voladora que brincaba entre árbol y árbol le gritaba desde lo alto. ¿A
dónde vas, Itzelina?, y la niña respondió:
-
Voy a la alta montaña, a pescar con mi malla de hilos todos los rayos del sol y
así tenerlos para mí solita.
- No seas mala, bella Itzelina - le
dijo la ardilla- Deja algunos pocos para que me iluminen el camino y yo pueda
encontrar mi alimento.
-
Está
bien, amiga ardilla - le contestó Itzelina-, no te preocupes. Tendrás como
todos los días rayos del sol para ti.
Siguió
caminando Itzelina, pensando en los rayos del sol, cuando un inmenso árbol le
preguntó. ¿Por qué vas tan contenta, Itzelina?
-
Voy a la alta montaña, a pescar con mi malla de hilos todos los rayos del sol y
así tenerlos para mí solita, y poder compartir algunos con mi amiga, la ardilla
voladora.
El
árbol, muy triste, le dijo:
- También yo te pido que compartas
conmigo un poco de sol, porque con sus rayos seguiré creciendo,
y más pajaritos podrán vivir en mis ramas.
-
Claro que sí, amigo árbol, no estés triste. También guardaré unos rayos de sol
para ti.
Itzelina empezó a caminar más rápido,
porque llegaba la hora en la que el sol se
levantaba y ella quería estar a tiempo para atrapar los primeros rayos que
lanzara. Pasaba por un corral cuando un gallo que estaba parado sobre la cerca
le saludó.
-
Hola, bella Itzelina. ¿Dónde vas con tanta prisa?
- Voy a la alta montaña, a pescar con
mi malla de hilos todos los rayos del sol y así poder compartir
algunos con mi amiga la ardilla voladora, para que encuentre su alimento; y con
mi amigo el árbol, para que siga creciendo y le dé hospedaje a muchos
pajaritos.
- Yo también te pido algunos rayos de
sol para que pueda saber en las mañanas a qué hora debo cantar para
que los adultos lleguen temprano al trabajo y los niños no vayan tarde a la escuela.
-
Claro que sí, amigo gallo, también a ti te daré algunos rayos de sol – le
contestó Itzelina.
Itzelina
siguió caminando, pensando en lo importante que eran los rayos del sol para las
ardillas y para los pájaros; para las plantas y para los hombres; para los
gallos y para los niños.
Entendió que si algo le sirve a todos,
no es correcto que una persona lo quiera guardar para ella solita, porque eso
es egoísmo.
Llegó a la alta montaña, dejó su malla de hilos a un lado y se sentó a esperar
al sol.
Ahí,
sentadita y sin moverse, le dio los buenos días, viendo como lentamente los
árboles, los animales, las casas, los lagos y los niños se iluminaban y se
llenaban de colores gracias a los rayos del sol.
Cuento de Luis Antonio Rincón
Gracia (México)
SOPA DE LETRAS 2
COMPASIÓN
COMPROMISO
COMUNICACIÓN
CONFIANZA EXPERIENCIA PACIENCIA PERDÓN PRUDENCIA SENCILLEZ SOLIDARIDAD VALENTIA
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